domingo, 30 de noviembre de 2008

Los principios de la Homeopatía

Comprender la Homeopatía implica el conocimiento de los principios, bases o fundamentos en que se sustenta su doctrina; son estos:

1. Natura Morborum Medicatrix.
2. Ley de los semejantes.
3. Experimentación pura.
4. Individualidad medicamentosa.
5. Individualidad morbosa.
6. Dosis mínima.
7. Dinamismo vital.
8. Miasmas o enfermedades crónicas.

Fueron recopilados en el 2º Congreso Nacional Mexicano de Medicina Homeopática, por los maestros: Alfonso Briceño Ríos, Pastor Rocha, Eusebio Dávalos, José María Carrera y Proceso Sánchez Ortega, en los años cuarenta, y se basaron exclusivamente en las obras de Hahnemann, especialmente en el Organón.

Todos los principios forman una unidad y se relaciona uno con el otro. Si se quitara alguno, quedaría incompleto el todo de la doctrina homeopática.



1. NATURA MORBORUM MEDICATRIX


Este principio fue dado por HIPÓCRATES (400 años a.c.), que lo dedujo de la observación. Cuando él se consideraba impotente ante el padecimiento del enfermo, no daba ningún medicamento y aconsejaba solamente medios higiénicos y la expectación, asombrándose del resultado, pues en la mayoría de las veces la naturaleza del enfermo reaccionaba en forma favorable y con grandes ventajas para él mismo; este resultado repetido muchas veces lo convenció de que la naturaleza produce y cura todos los padecimientos humanos y que el médico es solamente un auxiliar del enfermo.

De esa observación nació su gran principio: NATURA MORBORUM MEDICATRIX, o sea que la naturaleza es la que cura las enfermedades. Y con justa razón la Homeopatía, que se apega en todo a la naturaleza, toma este principio como una de sus bases.

La naturaleza humana en su proceso curativo, se manifiesta con síntomas. Por eso en homeopatía no consideramos los síntomas como algo inconveniente que hay que impedir, sino por el contrario, una reacción que se debe respetar y ayudar para conseguir la verdadera curación.

Tomemos como ejemplo la FIEBRE. La medicina alopática tiende a considerar la fiebre como un enemigo y no como un aliado en la curación. El organismo responde con fiebre a una gran cantidad de estímulos, como la presencia de virus, bacterias, hongos, sustancias tóxicas, etc. El incremento en la temperatura del organismo desencadena una serie de reacciones como:

Ø Aumenta la velocidad de locomoción de los leucocitos.
Ø Aumenta la agresividad de estos cuerpos.
Ø Estimula la liberación de sustancias bactericidas (linfocinas).
Ø Estimula la liberación de interferón (sustancia antiviral).
Ø Aumenta la síntesis de anticuerpos.
Ø Disminuye la producción de toxinas bacterianas.
Ø Mejora la penetración de sustancias nutritivas y de medicamentos.
Ø Disminuye la disponibilidad de hierro para los invasores bacterianos, substancias que, como se sabe, requieren de manera fundamental para su reproducción.
Ø Induce al sueño, lo que obliga al organismo a reposar para disminuir sus demandas de energía y dedicarlas a su defensa.
Ø Acelera la síntesis de fibrinógeno, proteína coagulante que, en caso de hemorragia, formará un tapón para detener la pérdida de sangre.
Ø Aumenta la circulación y acelera el ritmo respiratorio, lo que facilita el intercambio de gases y mejora la oxigenación celular.
Ø Dirige y acelera la respuesta inflamatoria, delimitando la infección e impidiendo su propagación a otras áreas del organismo.

La ciencia médica moderna reconoce cada vez más síntomas como respuestas de adaptación del cuerpo. Por ejemplo, los textos de patología definen el proceso de la INFLAMACION, como la manera como el cuerpo trata de encerrar, calentar y quemar los agentes infecciosos o los cuerpos extraños. La TOS es conocida desde hace mucho tiempo como mecanismo de protección para despejar las vías respiratorias. Se ha demostrado que la DIARREA es un esfuerzo defensivo del cuerpo por expulsar del colon lo más pronto posible agentes patógenos o irritantes. La PUS se entiende como la forma en que el cuerpo se libera de mucosidades, bacterias, virus y células muertas.

Existe un término parecido, aunque no igual, que es el VIS NATURAE MEDICATRIX, enunciado por Thomas Sydenham (1624 – 1689), quien fue llamado el Hipócrates inglés, y que se traduce como la “Fuerza Curativa de la Naturaleza”. El NATURA MORBORUM MEDICATRIX se refiere al restablecimiento de la salud que hace la naturaleza por sí sola, ayudada por el médico solamente con medidas de higiene. El VIS NATURAE MEDICATRIX se cumple en la mejoría que se prolonga después de haber administrado el medicamento indicado. Es la fuerza que se le da a la naturaleza para que cure.

Esto complementa la idea de Hahnemann comentada en la introducción de su libro “Organón de la Medicina”, al referirse a los esfuerzos de la naturaleza que sólo obtienen un mediano éxito en las enfermedades agudas poco intensas. En las enfermedades agudas graves la naturaleza hace esfuerzos dolorosos y muchas veces peligrosos, que pueden terminar en la destrucción de una parte del organismo o en la muerte. Y en las enfermedades crónicas la naturaleza es totalmente impotente para llegar a la curación. Por eso es necesario ayudar a la naturaleza en su tarea curativa ya no solamente de una manera pasiva (higiene), sino dinámicamente por medio del medicamento homeopático.



2. LEY DE LOS SEMEJANTES


Las enfermedades se curan con sustancias que producen efectos semejantes a los síntomas de la enfermedad. Hahnemann en el parágrafo 26 del libro “Organón de la Medicina”, define así la ley de los semejantes: “En el organismo vivo, una afección dinámica más débil (la enfermedad) es extinguida permanentemente por una más fuerte (el medicamento), si esta última, aunque diferente en la especie, es muy semejante a la primera en sus manifestaciones”.

El homeópata para curar una diarrea, da un medicamento que produce diarrea, para curar la tos, da un medicamento que produce tos, para curar un dolor, da un medicamento que produce dolor. Esto lejos de agravar, cura al paciente, puesto que el medicamento es dado en pequeñas dosis, que constituye otro de sus principios.

Esta ley es la que le da el nombre a nuestra medicina: HOMEOPATIA (del griego Homios: semejante y pathos: sufrimiento, enfermedad), nombre dado por su fundador Hahnemann, y llamó a las otras posibilidades de tratamiento como:

Ø ALOPATIA (del griego Allos: diferente, y Pathos: enfermedad), en donde no hay ninguna relación entre los síntomas del medicamento con el de la enfermedad. Ejemplos: vitaminas, hormonas, corticoides, etc.

Ø ENANTIOPATIA (del griego Enantios: contrario, y pathos: enfermedad), tratamiento por medio de medicamentos contrarios, opuestos a los síntomas de la enfermedad. Ejemplos: antiinflamatorios, anticonvulsivos, antihipertensivos, etc.

Ø ISOPATIA (del griego iso: igual, y pathos: enfermedad) tratamiento por medio de sustancias que producen los mismos síntomas de la enfermedad a tratar. Ejemplo: vacunas.

Hahnemann no fue el primero en hablar de la ley de los semejantes: El primero fue HIPÓCRATES, cuatro siglos a. de C. En sus obras se leen los siguientes párrafos:

Ø “Por el similar de la enfermedad se desarrolla y por el empleo del similar la enfermedad es curada”.
Ø “De modo que lo que ocasiona el tenesmo urinario en el sano lo cura en el enfermo. La tos es provocada y curada por el mismo agente, exactamente como en el caso del tenesmo”.
Ø “Así el vómito es detenido por un vomitivo. Pero se puede también detener el vómito eliminando lo que, con su permanencia en el cuerpo, provoca el vómito. De modo que por los dos opuestos caminos la salud puede ser restaurada. Procediendo así será fácil, ya sea según la naturaleza y causa de la enfermedad, tratarla de acuerdo al contrarium o al similimum”.

A Hipócrates se le llama el padre de la medicina actual. Pero en realidad el verdadero padre de la medicina de hoy es GALENO, médico griego nacido en Pérgamo, que vivió entre los años 130 a 210. Su terapéutica tendía a combatir la causa principal del mal con alguna sustancia que le fuera contraria: contrariis curantur, lo que suprimía la fuerza de reacción natural en lugar de excitarla y favorecerla, como hacía Hipócrates.

Galeno es el padre de la polifarmacia; empleaba en gran escala los purgantes, vomitivos, sangrías y mezclas de remedios. Uno de éstos, llamado “Triaca”, tenía en su fórmula 64 sustancias.

En el siglo XV aparece PARACELSO (1493 – 1541), quien nació en una aldea Suiza a orillas del lago Sur. No estuvo de acuerdo con la doctrina de Galeno. Sus principios se basaban en:

1. El valor de las pequeñas dosis, empleando por ejemplo la Karena, que equivalía a 1/24 de gota.
2. El uso del remedio simple, contra las preparaciones compuestas.
3. Consideraba que debían nombrarse los pacientes de acuerdo a los remedios que correspondían a sus males y no por la enfermedad.
4. La Ley de los semejantes, expuestas en frases como las siguientes: “ lo que produce ictericia, también cura ictericia”; “ Porque las drogas que curan la parálisis deben salir de lo mismo que la causa”; “...Los nombres de las enfermedades no sirven para la indicación de los remedios: es el semejante que debe ser comparado con el semejante... y esta comparación sirve para descubrir los arcanos de curar”.

Lo anterior demuestra que fue en realidad Paracelso el primero en enunciar con mayor precisión los principios fundamentales de la homeopatía, pero no le dio el desarrollo y la difusión que le dio Hahnemann tres siglos después.

A principios del siglo XVIII, ERNST STAHL, médico y químico alemán (1660 – 1734), quien murió 20 años antes del nacimiento de Hahnemann, decía: “La regla admitida en medicina, de tratar las enfermedades por medios contrarios u opuestos a los efectos que estos producen (contraria contrariis), es completamente falsa y absurda. Estoy persuadido, por el contrario, de que las enfermedades ceden a los agentes que determinan una afección semejante (similia similibus); las quemaduras por medio del ardor del fuego a que se aproxime la parte; las congelaciones, por la aplicación de nieve y de agua fría; las inflamaciones y las contusiones, por medio de los espirituosos (vino). Siguiendo este sistema he conseguido hacer desaparecer la disposición a las acedías (acidez) con cortas dosis de ácido sulfúrico, en casos en que inútilmente se había administrado una multitud de polvos absorbentes”.

Otros médicos que testificaron por la ley de los semejantes fueron: Rhumelius, Detharding, Bouldue y Bertholon.

Pero es SAMUEL HAHNEMANN, médico alemán (1755 – 1843) quien la desarrolla y la hace aplicable.

Traduciendo la Materia Médica de Cullen (año de 1790) encontró que este autor explicaba que la Quina (corteza de un árbol del Perú: Quino) curaba el paludismo, por sus propiedades amargas y astringentes (que constriñen). Hahnemann no estuvo de acuerdo con su opinión y decidió experimentar la quina en sí mismo, notando que se producían síntomas muy semejantes al paludismo (fiebres periódicas) y repitiendo varias veces la prueba para asegurarse de los resultados, obtuvo la repetición de los mismos trastornos. De esto dedujo que la Quina curaba el paludismo porque producía síntomas semejantes a la enfermedad, redescubriendo la ley de los semejantes y con ella la homeopatía.



3. EXPERIMENTACION PURA


Hahnemann continuó experimentando con otras sustancias (Belladona, Aconitum, Mercurius, Nux Vomica, Phosphorus, etc.) primero en él mismo y posteriormente con un grupo de amigos, dando origen a una nueva fase de la investigación científica en medicina: La experimentación pura de los remedios en el hombre sano.

Experimentación porque constituye un elemento de investigación de los síntomas que producen las sustancias al darlas voluntariamente, siendo siempre posible repetir los resultados.

Pura porque se realiza en el hombre sano. En el hombre y no en animales, pues en los animales se pierden los síntomas subjetivos (como los mentales) y además la constitución del animal es diferente a la humana; y en el sano y no en el enfermo, porque los síntomas del medicamento se confundirían con los de la enfermedad.

La alopatía al contrario experimenta sus medicamentos en animales y en el hombre enfermo.

La experimentación en Homeopatía se realiza con 2 grupos de experimentadores, unos tomarán la medicina a experimentar y otros placebo (técnica del doble ciego). Cada experimentador tomará en ayunas una dosis del medicamento a investigar hasta que se produzcan los primeros síntomas, interrumpiendo la toma de la sustancia. Luego se recopila toda la información de los experimentadores, clasificando los síntomas con base en la frecuencia en que se presentaron (valor: 3, 2, 1).

Todos los detalles de la experimentación pura están consignados en el libro “Organón de la medicina” de Hahnemann, en los parágrafos 121 al 145.

La experimentación pura reafirma los principios homeopáticos, enseñándonos que:

1. Que todos los individuos son susceptibles en mayor o menor grado de dejarse influir por la acción de las drogas.
2. Los síntomas que se producen en la experimentación pura conforman cuadros clínicos similares a los que conforman las enfermedades naturales (Ley de semejantes).
3. Que cada individuo reacciona en forma peculiar, en tiempo, intensidad y en concomitancia (individualidad morbosa).
4. De lo anterior se deduce la “predisposición” de cada ser, es decir, los estados constitucionales que producen la manera propia de reaccionar (Miasmas).
5. Nos enseña que cada droga tiene una forma específica de alterar la salud del hombre (individualidad medicamentosa).
6. La energía de la droga desarmoniza la energía del organismo que lo mantiene en salud (Dinamismo vital).
7. Que aun las drogas en dosis imponderables (pequeñísimas) pueden provocar reacciones intensas y totales en virtud de una energía (Dosis mínimas).
8. Nos comprueba la unidad de acción del ser humano. En todo momento hay reacción general del organismo.
9. Influirá en cada experimentador la disposición que tenga para realizarla, su vitalidad, la predisposición constitucional, los hábitos y las tensiones emocionales.



4. INDIVIDUALIDAD MEDICAMENTOSA


De la experimentación pura se obtiene que cada medicamento produce síntomas propios que lo diferencian de los otros.

Cada uno de ellos produce síntomas mentales, en sus tres esferas, afecto, intelecto y voluntad; síntomas generales como afecciones del sueño, el apetito, la temperatura, la transpiración, lo sexual, etc., y síntomas particulares, que se refieren a cada órgano o parte del cuerpo. Toda esta variedad de síntomas hacen único cada medicamento.

Los síntomas de los medicamentos pueden ser parecidos, por ejemplo muchos producen dolor, pero se diferencian en sus modalidades: sus agravaciones y sus mejorías, su horario de presentación, su localización, el tipo de dolor o sensación y en los síntomas concomitantes (los que aparecen al mismo tiempo aunque se localicen en otro lugar del organismo).

La Homeopatía prescribe medicamentos con idéntica presentación: azúcar, agua y alcohol, sin embargo cada medicamento es profundamente diferente por su esencia energética. Estos componentes son solamente los medios que se utilizan para prepararlos y administrarlos.



5. INDIVIDUALIDAD MORBOSA


Cada persona es diferente de las otras tanto en el estado de salud como en el de enfermedad.

Cada quien desarrolla su propia enfermedad, así le demos el mismo nombre nosológico. Por ejemplo, la migraña en un paciente tendrá modalidades diferentes que en otro: causa, duración, intensidad, frecuencia, síntomas concomitantes, etc., lo que la hace una enfermedad diferente.

Por eso Hahnemann recomienda, al igual que Paracelso, nombrar el trastorno del enfermo con base en el medicamento que necesita y no con el nombre nosológico (enfermedad). En homeopatía realmente no existen enfermedades sino enfermos (Hipócrates).

La ley de la semejanza debe ser aplicada con base en estas dos individualidades: entre la manera particular de enfermar de cada quien (individualidad morbosa) y el medicamento más semejante al enfermo (individualidad medicamentosa).



6. DOSIS MINIMA


Hahnemann había descubierto qué clase de medicamento dar (el semejante), y qué síntomas producían los medicamentos para poder ser aplicados (experimentación pura), pero ignoraba en qué dosis prescribirlo. Comenzó administrando el remedio en dosis masivas, tal y como acostumbraba a hacerlo la escuela Galénica, pero como la acción del remedio era semejante a la enfermedad, el paciente presentaba fuertes agravaciones. Entonces, decidió disminuir la dosis, notando con asombro que mientras más pequeña era la cantidad de medicina, menos molestias aparecían en los enfermos y la curación se lograba más rápidamente.

Ciertas medicinas aun en simples gotas de tintura, eran motivo de agravación y meditando sobre ese asunto tuvo la idea de diluir una gota de tintura en 99 gotas de alcohol y de agitar la mezcla con fuerza, golpeando (sucusionando) el frasco 100 veces, al parecer con la finalidad de asegurar que las soluciones estuvieran bien mezcladas.

Como algunos enfermos todavía agravaban con esta dilución, tomó una gota de ella y la diluyó en 99 gotas de alcohol, dándole nuevamente 100 golpes. Llamó a cada dilución primera y segunda centesimal respectivamente, y continuó diluyendo las medicinas en la misma proporción hasta la 6, 12 y 30 centesimal.

Con las medicinas así preparadas obtuvo curaciones sorprendentes y dio origen al descubrimiento de la acción de las pequeñas dosis.

Mientras más pequeña era la dosis, más suave, permanente y profunda era la acción del medicamento, actuando ya no solamente en lo somático sino también en la parte psíquica del enfermo o del experimentador.

Hahnemann se dio cuenta que los medicamentos así preparados ya no actuaban por su masa sino por la energía o fuerza que se despertaba en ellos. Y esto es comprensible, porque las diluciones y sucusiones o trituraciones sucesivas, ocasionan la disgregación molecular y atómica de las sustancias, liberando su energía. Este proceso de diluir y sucusionar o triturar, lo llamó dinamización.

La dosis mínima en homeopatía no solo hace referencia a la dilución y sucusión (potencia), sino también a la frecuencia de las tomas, que unas veces será en dosis únicas y otras repetidas diariamente según la necesidad del paciente, y además a la cantidad del vehículo del medicamento, por ejemplo, sólo un glóbulo o una cucharada en cada toma.

Dentro del concepto de dosis mínima podemos incluir el de REMEDIO UNICO. Hahnemann hace referencia a él, en los parágrafos 273 y 274 del Organón, en donde comenta: “En el curso de todo tratamiento dirigido a la curación, en ningún caso es necesario, y por eso mismo es inadmisible, utilizar, en un enfermo, más de una sustancia medicinal simple a la vez”.

El no aplicar el remedio único, va en oposición de varios principios de la Homeopatía:

1. De la experimentación pura: porque se conocen los efectos de cada medicamento de manera individual. Los efectos de los medicamentos mezclados no se conocen, los cuales podrían contrarrestarse o modificarse recíprocamente en el organismo humano.

2. De las individualidades: Bajo el concepto de que no existen enfermedades sino enfermos, se entiende además que la persona se enferma en su totalidad, como unidad, tanto en lo mental como en lo físico. Por lo tanto también debe ser tratado como una unidad, por medio de un medicamento integral.

3. Del principio vital: que es una energía única, y en estado de enfermedad es suficiente con un solo medicamento para equilibrarla.



7. DINAMISMO VITAL


La medicina, como toda ciencia, tiene bases filosóficas que la sustentan.

La ALOPATIA tiene como base filosófica el MATERIALISMO. Esto obedece a la interpretación que tiene del hombre y de sus padecimientos: lo considera únicamente como materia y sus padecimientos también del mismo carácter material. Este materialismo puede ser: monista, considerando al hombre sólo materia y sus cualidades morales e intelectuales también como procesos bioquímicos. Y el materialismo dualista, que considera al hombre formado de materia y espíritu, pero cada uno de ellos independiente en sus funciones (Descartes); aplicándose así mismo en la práctica médica, al dar tratamientos independientes a cada uno de ellos.

La HOMEOPATIA tiene como base filosófica el VITALISMO. Considera al hombre constituido de tres partes:

1. Cuerpo o materia: en su estructura anatómica y fisiológica.

2. Espíritu: que se caracteriza por sus tres facultades: pensamiento, sentimiento y voluntad.

3. Dinamismo vital, principio vital, vida o alma: que une las dos anteriores y que da vida al cuerpo, mantiene la salud, produce la enfermedad y desata el proceso de curación.

La escuela vitalista no fue creada por la homeopatía; médicos como Hipócrates, Paracelso, la escuela de Montpellier en Francia, en la que sobresalieron médicos como Van Helmont, Stahl y Barthez, hablan de ella. Además dentro de la filosofía son varios los pensadores que hacen referencia a la existencia de un principio de vida que anima al cuerpo: Aristóteles, San Agustín, Santo Tomas, Bergson, etc.

Hahnemann adopta este sistema filosófico por ser el más congruente con las revelaciones de la experimentación del remedio dinamizado: si el remedio es energía debe actuar sobre otra energía y ésta es la fuerza vital.



8. MIASMAS O ENFERMEDADES CRONICAS


Hahnemann observaba que a pesar de la aplicación correcta de la ley de los semejantes, los pacientes recaían en sus padecimientos.

La observación constante de esos resultados y la investigación minuciosa de los antecedentes de los enfermos en quienes sucedían tales hechos, durante 12 años, llevó a Hahnemann a descubrir los miasmas o enfermedades crónicas o constitucionales.

Concluye que detrás de esas enfermedades agudas existían enfermedades crónicas que las sustentaban y que estaban siempre en el hombre, aún en el aparente estado de salud. Observó que se debían a la supresión de ciertas enfermedades infecciosas. Cuando se suprimían las enfermedades de la piel, principalmente la sarna, se gestaba una enfermedad constitucional que llamó PSORA; cuando se suprimía la gonorrea, se formaba otra que llamó SYCOSIS; y cuando se suprimía la sífilis se formaba otra enfermedad constitucional que llamó con su mismo nombre, SYPHILIS.

Así que son tres las enfermedades crónicas: PSORA, SYCOSIS Y SYPHILIS. Ellas son la causa de casi todas las enfermedades, se manifiestan de muchas maneras y van aumentando con las supresiones.

Y ¿Qué es supresión? Es quitar solamente la manifestación externa de la enfermedad, sin tomar en cuenta la totalidad sintomática del paciente al tratarlo.

Estas enfermedades alteran al hombre en su totalidad, produciendo síntomas tanto físicos como mentales:


1. PSORA: Es el estado morboso constitucional que se caracteriza en su esencia por la carencia, en lo funcional por la hipofunción, en los órganos por la hipotrofia y en lo mental por la inhibición. Ejemplos:

Ø Síntomas físicos: Delgadez, sensibilidad al frío, debilidad, estreñimiento, disminución de las erecciones, erupciones, etc.

Ø Síntomas mentales: Ansioso, perezoso, lento, confiado, callado, tímido, prudente, complaciente, triste, lloroso, memoria débil, etc.


2. SYCOSIS: Es el estado morboso constitucional que se caracteriza en su esencia por el exceso, en lo funcional por la hiperfunción, en los órganos por la hipertrofia y en lo mental por la expansión. Ejemplo:

Ø Síntomas físicos: Obesidad, oleadas de calor, hipertensión, taquicardia, diarrea, tumores, verrugas, secreciones, etc.

Ø Síntomas mentales: Orgulloso, ambicioso, hiperactivo, chismoso, coqueto, egoísta, impaciente, imprudente, inquieto, insatisfecho, locuaz, etc.

3. SYPHILIS: Es el estado morboso constitucional que se caracteriza en su esencia por la destrucción, en lo funcional por la disfunción, en los órganos por la atrofia y en lo mental por la destrucción o agresión. Ejemplo:

Ø Síntomas físicos: Malformaciones congénitas, calambres, caries en los huesos, convulsiones, hemorragias, parálisis, úlceras, tendencias gangrenosas, etc.

Ø Síntomas mentales: Adulterio, calumnia, crueldad, delirio, desobediencia, envidia, agresividad, homosexualidad, locura, deseos de matar o de suicidarse, rencor, etc.


Sin embargo, no todas las enfermedades crónicas son naturales o miasmáticas. Hahnemann comenta de dos tipos más de enfermedades crónicas: las artificiales y las aparentes. Las enfermedades crónicas artificiales son las creadas por tratamientos alopáticos e intoxicaciones medicamentosas administradas en grandes y progresivas dosis; estas son las más deplorables y las más incurables. Las enfermedades crónicas aparentes son estados de mala salud que los mismos enfermos se ocasionan por exponerse continuamente a influencias nocivas, como: alimentos y bebidas dañosas, excesos o deficiencias de cosas necesarias para el sostén de la vida, viviendas insalubres, falta de ejercicio, trabajo mental o físico excesivo, preocupaciones constantes, etc.






BIBLIOGRAFIA



1. HAHNEMANN Samuel, Organón de la Medicina. Ed. Albatros. Buenos Aires, 1989

2. ORTEGA, Proceso S., Introducción a la Medicina Homeopática, Teoría y Técnica. Talleres Novarte, S.A. de C.V., México D.F., 1992

3. FLORES Toledo, David. Iniciación a la Homeopatía

4. GRANJA, Avalos Luis A. Ortodoxia Homeopática.

5. JARAMILLO Morales, Leonardo. Doctrina Homeopática a la Reforma de la Medicina.

6. MARZETTI, Roberto A. Lo Fundamental en Homeopatía, su Teoría y Práctica.

7. ULLMAN, Dana. La Homeopatía Medicina del siglo XXl. Ediciones Martínez Roca, S.A, España, 1990
.